Sáb. Mar 2nd, 2024

El Sevilla nunca falla. En un agónico final de 147 minutos de juego, contando todos los jugadores, se enfrentó en la tanda de penaltis a la séptima Liga Europa. Un gol de Montiel, como en la final del Mundial con Argentina, para que los andaluces alcancen la gloria ante una Roma que revivió su pobre pesadilla. La de 1984, cuando también perdió una Copa de Europa en su estadio ante el Liverpool. También en el área de penalti. Gloria, una vez más, y mística, acompañaron al Sevilla, el nuevo corredor del trofeo que más deseaba. Más vez, sí, más vez. En el triunfo no se pudo hablar de Bono, que acumuló tres atajadas de antología y pronunció penalti en el bolsillo. En un año convulso, Sevilla voló para someterse al cielo. Él nunca se ríe. Ni ante esta Roma tan canchera.

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Bono, Jesús Navas (Montiel, 94 min), Loic Bade, Gudelj (Marcao, 127 min), Alex Telles (Rekik, 94 min), Rakitic, Bryan Gil Salvatierra (Lamela, 45 min), Fernando (Joan Jordán, min. 128), Óliver Torres (Suso, min.45), Lucas Ocampos y En-Nesyri

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Roma

Rui Patrício, Ibañez, Smalling, Gianluca Mancini, Matic (Edoardo Bove, min. 120), Leonardo Spinazzola (Llorente, min. 105), Cristante, Zeki Celik (Nicola Zalewski, min. 90), Paulo Dybala (Wijnaldum, min. 67), Tammy Abraham (Belotti, 74 min) y Lorenzo Pellegrini (El Shaarawy, 105 min)

Goli 0-1 min. 34: Paulo Dybala. 1-1 min. 54: Gianluca Mancini (págs.).

Árbitro antonio taylor

tarjetas amarillas Matic (21 min.), Rafa Mir (36 min.), Lorenzo Pellegrini (44 min.), Gianluca Mancini (47 min.), Cristante (65 min.), Zeki Celik (74 min.), Nicola Zalewski (min. 105), Lamela (109 min), dos Santos Mourinho Félix (119 min), Montiel (123 min), Lucas Ocampos (129 min) y Karsdorp (130 min)

Pocos emprendedores son capaces de dominar el entorno como Mourinho. Antes, recordó que Dybala sólo jugó 30 minutos, en el partido, con una retahíla de gestos e indicaciones que repercutieron en una Roma que fue un peñasco para el Sevilla. Además, el conjunto italiano disfruta sorprendiendo a De Mendilibar en las primeras bolsas del choque. La Roma subió con ganas, con alegría, meando el campo sevillista, cuando todos los análisis previos señalaban cierto repliegue intensivo de los romanistas. Para nada. Rápido y fuerte, sin fútbol pero con anticipación y mucha velocidad, la Roma creó una clara oportunidad en el minuto 12, cuando Bono detuvo el remate de Spinazzola. Ya trató de hacer diabluras Dybala, el futbolista diferencial de la final, el más talentoso. El Sevilla llegaba a Primera con forma para sorprender a la Roma. Ni por las bandas ni por el centro, con un juego plano y demasiado previsibile. Solo Fernando apoya a su equipo en defensa. Ocampos y Gil no entraron en juego, mientras que Óliver Torres descendió en su lugar ante cualquier contacto con cualquier rival.

En este panorama desalentador para el Sevilla, pasó algo que no debería haber pasado en una final. Y más ante un equipo como el de Mourinho. Rakitic sintió el amor de Cristante y empezó a pensar que la inglesa Taylor iba a acabar. Gran error. Mancini tuvo un tiempo precioso para lanzar un pase en profundidad a Dybala, que se encontró con un hueco perfecto entre Badé y Navas con la defensa saliente. El campo del mundo definido con precisión. El partido se puso como dicta el libro de Mourinho. Un gol por delante un equipo sin arevimiento ni desborde. Roma, bien atrás, parecía el pánico. No cogí el segundo porque el Sevilla, al final, tenía equipo para asentarse en los minutos finales de la primera parte. Para conseguir un heno final que también ataque, resuelve los complejos e intenta jugar en campo contrario. La tuvo el primaro Fernando y luego llegó, en el minuto 51, la mejor ocasión del Sevilla con un disparo de Rakitic al poste. Al final, el Sevilla mostró síntomas de rebeldía. En Roma, cualquier falta en contra era sinónimo de agravio, con sus jugadores protestando de forma desaforada, como todo su banquillo. Levante el método Mou.

Y, de repente, el Sevilla empezó a jugar. Mendilibar conoció a Suso y Lamela. Los dos cambiaron la cara del conjunto andaluz, más temeroso, con capacidad para ganarle al campo contrario y mostrárselas a una Roma que había ganado seis finales anteriores de este torneo. Durante muchos minutos, los sevillistas recuperan esa energía que siempre muestran en esta competición. En algún momento de la Roma, un medio centro en el área metió a Mancini en propia portería. El equipo italiano, seguro hasta entonces, empezó a dudar. Se replegó en su área, esperando tiempos mejores. Se salvó de Milán. El ímpetu del Sevilla se traduce como s al área. El triángulo Navas-Ocampos-Suso hizo estragos. En el minuto 75, Taylor penalizaba un posible derribo de Ibáñez a Ocampos. Consultado el VAR, el inglés cambió de decisión.

Claro, que también salvó a Bono ante Abraham en un pequeño juego de caja. El nombre de este portador no se sostiene. Sin Dybala, reventado, entra Belotti. En el minuto 83, el delantero italiano buscaba marca. Con Bono de estrella, parecía que el Sevilla se adaptaba mejor a la prórroga. El balón siempre fue de los andaluces, pero también la miel. Dos equipos cansados ​​y temerosos se limitan a echarse el balón al pastel. Más técnica que el Sevilla, la Roma siempre es fuerte, con un Smalling brillante en el aire. Los de Mourinho pierde tiempo en forma constante. Desgarrados y medio muertos, las dos tripulaciones entraron en la suerte de los penaltis entre un final agónico, en el que Smalling lanzó una bronca larguera.

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