Dom. Abr 14th, 2024

Se llama memoria. Es fundamental poseerla. No solo de momentos, personas, sensaciones y acontecimientos que fueron gozosos y enaltecedores, sino también de la que está impregnada de dolor, tristeza o fracaso. La mía fue prodigiosa. No solo abarcaba nombres, títulos, fechas, sensaciones, sino que también era emocional, o caprichosa, o selectiva. Pero la muy cabrona está desertando de mí. Le ocurre a bastante gente de mi edad. El alzhéimer puede llegar por antecedentes familiares o porque ya se han instalado definitivamente las nieves de antaño, pero todavía no siento esa depredadora presencia. Aunque me ocurren cosas estrambóticas y tragicómicas ante el repentino olvido de nombres que tienes en la punta de la lengua. Por ejemplo, comentando en la radio y ante una audiencia notable la enfermedad que sufría el personaje de una película me resultaba imposible en esos segundos que producen miedo y vértigo recordar el nombre de la dolencia. Y le supliqué al desconcertado Francino que me dijera cuál era. Y le di pistas: “Es la que tengo yo”. Y él, con sentido de la lógica, me preguntó: “¿Cuál de ellas?”. Le aclaré: “Esa por la que tengo que pincharme insulina todos los días”. Y soltó la palabra mágica: “¿La diabetes?”. “Esa”, le respondí con el careto enrojecido de vergüenza. A los receptores imagino que les invadió la estupefacción o la risa piadosa.

Ante esos lamentables olvidos del nombre de las personas y de las cosas, descubro que todo dios, jóvenes y viejos, tienen una solución milagrosa. No necesitan para nada el esfuerzo mental. Le dan a una aplicación del móvil y Google les revela hasta lo más mínimo con exactitud. O lo más trascendente. Si tuviera que recurrir a eso para recordar el nombre de mi madre, o de mujeres y amistades amadas, o de películas, canciones y libros que me alegraron la vida, sabré que ya está todo perdido.

Y me resultaba imposible recordar el título de una película que en España no se estrenó en las salas y que pasó a una plataforma. Es American Fiction. Está en Prime Video. Y es el guion más inteligente, lúcido y atrevido del año. Un señor negro y novelista exquisito descubre que no es capaz de vender un puñetero libro. No se ajusta a los estereotipos de raza, no explota lo políticamente correcto, no es bronco ni reivindicativo, no utiliza el slang callejero. Decide mediante un seudónimo escribir esa literatura que detesta. Y se convierte en best-seller. Y Hollywood le adora. No me pregunten el nombre del director. Seguro que Google lo sabe. Fue Nabokov, uno de los más grandes, el que tituló así aquella joya: Habla, memoria.

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