Sáb. Mar 2nd, 2024

Nótese aquí para el rescate del pequeño submarino que el domingo se zambulló en el pozo del Titánico, en aguas del Atlántico norte, está a punto de acabarse. El lapso estimado de supervivencia de los cinco ocupantes del minisubmarino Titán se cummplía teóricamente a las seis de la mañana de este jueves (hora local, mediodía en la España peninsular). El habitáculo, de escasos 6,5 metros, dispuso de aire respirable durante 96 horas, un plazo que la víspera multiplicó las labores de búsqueda a la complejidad del rescate, en un área con el doble de extensión que el Estado de Connecticut.

Los sonidos submarinos detectados por aeronaves de reconocimiento los martes y en los Estados Unidos, incluidos los disparos de los ataques, llevaron a reenfocar e intensificar los esfuerzos de búsqueda, incluso si el análisis de estas señales no arrojó un resultado concluyente, al igual que la actividad de un vehículo operativo. de forma remota o telerígida. La Guardia Costera de EE UU, que coordina el operativo, declinó este miércoles pronunciarse sobre el término de las tareas de búsqueda para rescatar a los cinco ocupantes del minisubmarino, un estadounidense, un francés y tres británicos, dos de ellos, padre e hijo, de origen pakistaní. «Mientras está en marcha una operación de búsqueda y rescate hay esperanza», declaró el capitán Jamie Frederick, portavoz de la Guardia Costera, en Boston.

La agónica búsqueda del Titán cuando se concentra en el área donde se detectan los sonidos. Sin embargo, el vocero confirmó que no sabían lo que significaba prohibir los ruidos, no abandonaron la esperanza de detener el aparato y poder rescatar a sus trabajadores. A partir de aquí, se amplió la operación de búsqueda y rescate en Estados Unidos, con la incorporación de bancos de Canadá, Estados Unidos, Noruega, Francia y especialistas del Ejército de Estados Unidos y la Royal Navy. En total, diez imbarcaciones, apoyadas por tres aviones C-130 del Ejército de EE UU, para tocar un área de 20.000 kilómetros cuadrados, aproximadamente del tamaño de El Salvador, y una profundidad de cuatro kilómetros, mientras que desde el avión sobre el cielo en busca de cualquier rastro visible o invisible. Casos 72 horas de trabajo contra el reloj «aventura» de una empresa privada, OceanGate, sobre el que los críticos se quejan de la falla de homologación del dispositivo y los riesgos «menos que catastróficos» que plantean sus «misiones de investigación» del fondo marino, como la compañía calificaba las dimersiones, rechazando de plano la definición de turismo extremo para ricos. Cada viajero debe pagar $250,000 por viaje.

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Las condiciones meteorológicas, que el martes tomaron un respiro, empeoraron en la primera hora de la tarde del miércoles, aumentando la complejidad del abismo oceánico y la profundidad alcanzada por el Titán. Según los guardacostas locales, en la zona buscada registraron en las últimas horas dos olas de tres metros de altura y vientos con rachas de hasta 50 kilómetros por hora. El mal tiempo se prolongó hasta la medianoche, tras el paso de un frente tormento. Si los cinco tripulantes continúan con su vida, salvo en escenarios como incendio o inundación a bordo, lo han llevado en condiciones extremas de habitabilidad: en el cilindro de titanio y fibra de carbono no hay asientos, solo un único respiradero de 21 baldes de diámetro. No mucho más si se necesita para el viaje corto esperado, como los dos realizados hasta la fecha, con una duración de diez horas entre el descenso, una exploración de dos horas y medios en torno al pecio del Titánico, a 4.000 metros de profundidad, y la subida. Si el dispositivo estuviera intacto, el desafío podría reflotarlo hasta la superficie, dado su peso.

Sentados con las piernas cruzadas

Mike Reiss, el escritor y productor que hizo el cambio el año pasado, registró que antes de recopilar mensajes tenía que firmar un «documento de consentimiento extenso [aceptación de riesgos] donde la posibilidad de muerte se menciona tres veces sólo en la primera página”. David Pogue, reportero de CBS y ex columnista de tecnología de la New York Times que también viajó a la Titán, describió el interior como “del tamaño de un monovolumen”. El aparato llevaba comida ligera a bordo, como bocadillos y agua, para viajar. Un rudimentario retiro separado por una cortina del habitáculo cilíndrico donde los pasajeros se ven obligados a lanzarse con las piezas cruzadas, sin posibilidad de poner el pie ni moverse, completa el escaso equipamiento de la nave. Sin radio ni GPS, si se pilota con un único mando de videojuego modificado, este diseño se basa en uno de los mandos de la videoconsola.

Asumiendo que la nave se encuentra con un depósito de agua intacto, la capa de oxígeno y el espacio de habitabilidad en el interior de la misma no carecen de valores absolutos de embargo. Varias variables pueden ayudar a prolongar el tiempo de supervivencia, según el neumólogo de la Universidad de Stanford, David Cornfield, citado por la revista. Los New York Times. Si los pasajeros acompañan la respiración para ralentizarla, puedes ganar un 10% de tiempo, y decidir, unas nueve horas más. «Puedes cambiar la curva» si mantienes la calma y respiras más despacio, señaló el especialista. El nivel de dióxido de carbono, un gas invisible que se exhala con la respiración, también está condicionado por el tiempo de supervivencia. Cuanto mayor sea la acumulación, más probable es que las personas a bordo estén alertas y les traspasen la conciencia, hasta morir. A raíz de alguna información, no confirmada, el Titán está equipado con un purificador o filtro para expulsar el exceso de dióxido de carbono.

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