Dom. Abr 14th, 2024

El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, viene insistiendo casi a diario en las últimas semanas en que su ejército invadirá Rafah, la única zona de Gaza en la que aún no ha penetrado por tierra y donde se concentran más de un millón de desplazados, “pese las presiones internacionales”. También en que no convocará elecciones anticipadas “hasta que termine la guerra” iniciada tras el ataque de la milicia islamista Hamás el 7 de octubre de 2023. Este domingo, sin embargo, ha lanzado su mayor Netanyahu contra el mundo como broche a una semana en la que ha visto estrecharse el cerco donde realmente le importa: Estados Unidos, el gran aliado que le proporciona armas y financiación y veta todas las resoluciones de alto el fuego permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

El jueves, el líder demócrata en el Senado, Chuck Schumer, aseguró que el primer ministro israelí es un “obstáculo para la paz” porque “ha perdido el norte” al gobernar con la extrema derecha y antepone “su supervivencia política al bien” del país. Un día más tarde, el presidente Joe Biden añadió sal a la herida, al asegurar que Schumer hizo “un buen discurso” en el que planteó “preocupaciones” de “muchos estadounidenses”.

Consciente de las implicaciones, Netanyahu se ha apresurado a conceder entrevistas ―con un mensaje casi calcado― a las cadenas de televisión estadounidenses Fox y CNN, en las que ha respondido con tono agrio al líder demócrata en el Senado de EE UU. Ha definido su discurso como “totalmente inapropiado” y subrayado que “Israel no es una república bananera” a la que se le “impongan” unas elecciones. “Está mal tratar de reemplazar los líderes electos de una democracia hermana, de un aliado firme, pero especialmente en medio de una guerra”, ha criticado.

Una columna de humo en Gaza tras un bombardeo, este domingo.Amir Cohen (REUTERS)

Poco antes, al inicio de la reunión semanal del Gobierno este domingo, ha lanzado un mensaje a los “amigos de la comunidad internacional” ante el aumento de las presiones, que “no es ningún secreto”. “Les pregunto: ¿Tan corta es vuestra memoria? ¿Tan rápido habéis olvidado el 7 de octubre, la masacre de judíos más horrible desde el Holocausto? ¿Tan rápido estáis dispuestos a negar a Israel el derecho a defenderse contra los monstruos de Hamás? ¿Tan rápido habéis perdido vuestra conciencia moral?”.

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Netanyahu ha cargado contra “algunos en la comunidad internacional” por “tratar de acabar la guerra antes de que se hayan cumplido todos sus objetivos”, lanzando “falsas acusaciones” contra él, su Ejecutivo y el ejército y “esforzándose por que haya elecciones ahora, en la cúspide de la guerra”. “Lo hacen porque saben que unas elecciones ahora pararán la guerra y paralizarán el país durante al menos seis meses”, ha añadido.

Futuros comicios

Una parte del mensaje es para consumo interno: sabe que tendrá que convocar comicios en un futuro cercano (también por la creciente presión interna, con manifestaciones semanales) y busca posicionarse como el líder fuerte que se sacrifica ejerciendo de escudo en el exterior para defender la seguridad de su pueblo. Esa fórmula, junto con la economía, lo han convertido en el jefe de Gobierno que más tiempo lleva en el poder (16 de los 75 años de historia del país), pero su reforma judicial y, sobre todo, el ataque del 7 de octubre, la han deshilachado. Su partido, el Likud, pasaría de 32 a 19 escaños en unos eventuales comicios que querrían ya el 40% de votantes de la formación, según un sondeo difundido el pasado martes por el Canal 12 de la televisión nacional.

En su discurso en el Consejo de Ministros, Netanyahu no solo ha reiterado que el ejército israelí invadirá Rafah y que “llevará varias semanas”. También ha recurrido a los casi cinco meses y medio de guerra para subrayarlo: “Quienes dicen que la actuación en Rafah no tendrá lugar, son los mismos que decían que no entraríamos en Gaza, no actuaríamos en [el hospital Al] Shifa o en [la ciudad de] Jan Yunis, y no reanudaríamos el combate tras la tregua” de finales de noviembre. En la entrevista con Fox ha ido más lejos, al hacer una analogía con el final de la II Guerra Mundial (1939-1945): “Es como decir a los aliados: ‘No vayáis a Berlín, dejad un cuarto del ejército nazi intacto’. Es ridículo”.

“Que quede claro: si paramos la guerra ahora […] significará que Israel la ha perdido, así que no podemos ni vamos a sucumbir a esa presión”, ha señalado. “Al contrario, esta verdad básica solo refuerza nuestra determinación para rechazar la presión y luchar hasta la victoria total. Ninguna presión internacional nos impedirá cumplir todos los objetivos de la guerra: eliminar a Hamás, liberar a todos los prisioneros y asegurarnos de que Gaza nunca jamás vuelve a suponer una amenaza para Israel”.

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