Lun. Dic 4th, 2023

El 27 de octubre de 2022, el magnate Elon Musk entró en la sede de Twitter con un lavabo. Al día siguiente, hace ya un año, se hizo oficial su compra por 44.000 millones de dólares. Desde entonces, una increíble actividad ha generado docenas de cambios en la red social: Musk despidió a la mitad de empleados, creó suscripciones, canceló el uso tradicional de la envidiada señal azul, perdonó a miles de cuentas eliminadas en aras de la libertad de expresión, monetizó la creación de contenido y cambió el nombre, de Twitter a X, de una plataforma que ya no es lo que era, para mejor o peor.

EL PAIS ha preguntado a 21 usuarios que tienen cuentas significativas en X cómo han vivido este año [la lista completa está al final del artículo]. Aunque no es representativo, hay algunas tendencias casi unánimes, que suman más un 90% de todos los que han respondido: usan la red y publican mensajes igual o menos que hace un año, pero no usan ninguna otra red más que X para el mismo fin. También creen que, en general, ha empeorado. Sobre si un día acabarán por irse, la respuesta dominante es que quizá, pero de momento, no.

La compra de Musk sacó a Twitter de la Bolsa. Sus datos ya no son públicos. Según la compañía, sus usuarios diarios son 245 millones en todo el mundo, mientras que en abril de 2022 eran 229 millones, y asegura que los usuarios están un 14% más de tiempo en la plataforma. Los datos externos ofrecen, sin embargo, caídas sustanciales de uso: el tráfico global a X cayó un 14%, según la consultora Similarweb.

Musk tiene el problema de generar recursos. Las suscripciones no suponen de momento una cantidad suficiente de dinero y los ingresos por publicidad han caído notablemente. Musk aspira a convertir X en una “app para todo”, que combine desde vídeos largos de creadores a mensajería y pagos. La información, uno de los usos más comunes de Twitter, se ha visto perjudicada por la eliminación de los titulares en enlaces y la confusión entre cuentas más o menos fiables que pueden generar beneficios si crean polémicas o logran viralizar.

La visión de los encuestados por EL PAÍS está sesgada porque han sacado partido de usar Twitter durante años y sus costumbres y volumen les hace difícil abandonar la plataforma sin más. La mayoría sigue usando “Twitter”, “tuit” y “tuitero”, palabras que ya definen una era de internet, para referirse a X.

El resumen de su uso, sin embargo, es poco gratificante para la plataforma. Aunque un 19% entra en X más de 3 horas, más de la mitad está menos en la plataforma: solo una persona de los 21 está más tiempo ahora que hace un año. Lo mismo ocurre con los mensajes diarios publicados: solo dos personas publican más de 10 diarios. El resto publica igual o menos que hace un año.

No hay competencia

La gran fortuna por ahora de X es que no tiene competencia. La mitad ha abierto cuenta en otras redes: sobre todo en BlueSky y algunos en Mastodon. ¿Pero usan alguna más que X? Solo una persona contestó que Bluesky, pero que “es reciente” y solo está probando, y otra que usaba ahora más Instagram.

¿Qué les echaría de X? Pocas cosas. Los tres motivos más repetidos son que hubiera que pagar, que dejara de funcionar bien por problemas técnicos y que la comunidad se fuera a otra red o producto mejor. Pero es difícil irse de un lugar que has usado durante tantos años: “Me confieso dependiente de la red, sigo entrando bastante”, dice la periodista Sonia Sánchez. Y añade: “Pero sí que la consulto menos y me genera más desconfianza. Si la tendencia sigue así es posible que algún día la abandone. Ya la he medio abandonado porque no publico. Si sufriera alguna campaña de acoso grave, que puede ocurrirle a cualquiera, supongo que me marcharía. También si todas las personas interesantes que conocí a través de Twitter siguen con su tendencia a no publicar o a abandonar”.

Pero el abandono tiene un precio, según Lucas Melcón, autor de la cuenta de humor Malacara: “Existe la pulsion de querer abandonar aquello que desmotiva o que frustra, pero la comodidad o el hecho de que todo el mundo siga y no se haya mudado, de alguna manera, dificulta querer abandonar. En especial para cuentas o personas que, como yo, hemos adquirido cierta relevancia”.

Pero mientras haya comunidad, allí estarán. “Para mí el valor de Twitter son sus usuarios y la comunicación que se establece entre ellos”, dice la persona detrás de la cuenta de humor sobre el presidente Pedro Sánchez Mr. Handsome: “Si perdiera la base de gente que la hace lo que es hoy, no sé si tendría mucho sentido seguir allí. En el caso de cuentas como la mía, que los usuarios que no paguen no puedan interactuar con ella sería un motivo más que suficiente para pensar que no es la plataforma adecuada para lo que quiero hacer”.

Hay varios motivos por los que X ha empeorado, según este puñado de usuarios con muchos seguidores. Estos son los principales:

1. Los vaivenes de su dueño. “Sin duda, ha empeorado”, dice Fernando de Córdoba, consultor para marcas. “No es que Twitter fuese perfecto, pero las últimas novedades no me parecen muy acertadas. Dar check azul a todo el que pague, eliminar los titulares de las noticias, hacer TweetDeck de pago… me parecen medidas tomadas sin sentido”.

La dependencia de una persona provoca cierta intranquilidad sobre el futuro. “Pues según cómo se levante Elon Musk”, responde Carlos Langa, novelista y autor de una cuenta de humor, sobre cómo cree que evolucionará la red. “Con Musk a los mandos es complicado saber, pero, por lo que hemos visto hasta ahora, tiene visos de que cada día será menos una red social y más una plataforma de contenidos con un carácter comercial mucho más acusado”, añade la periodista Carmela Ríos.

2. La polarización y la toxicidad. Twitter ya era famoso por su polarización. En X se le han sumado más factores. “Me he vuelto un tuitero mucho más pasivo”, dice el politólogo Pablo Simón. “Consulto, pero tuiteo muchísimo menos en gran medida por la polarización en la red, especialmente en asuntos políticos. No tengo tiempo ni ganas de pasar un mal rato con trols, así que no emito apenas juicios”, cuenta. Es un caso similar al de la periodista Lara Hermoso: “Entro menos porque cada vez es más tóxica”.

“Hago el mismo uso”, dice el consultor José Luis Antúnez. “Pero la conversación es más tóxica, hay más bots y spam”. “Lo uso menos para conversar”, añade el periodista Emilio Doménech, de la cuenta @nanisimo. “Es más difícil encontrar conversaciones estimulantes y más común acabar cabreándote con alguien. A nivel informativo, es todo mucho más tóxico y peligroso. La experiencia ha empeorado para todos”.

3. La interacción es peor por las novedades. Las suscripciones y la obsesión del algoritmo por el contenido viral hacen que la experiencia de usuario sea a menudo peor. “El feed se muestra peor y han aumentado el número de anuncios, bots y spammers de casas de apuestas”, dice Pablo, que lleva la cuenta de humor y entretenimiento @pablomurrrr. “Los beneficios algorítmicos de las cuentas de Twitter de pago tampoco ayudan”.

Los incentivos para lograr explotar el algoritmo también llevan a provocar más polémicas: “Sospecho que todo se polemizará más”, dice el escritor Jorge Corrales. “La idea de que se moneticen los anuncios que aparecen en los comentarios y no la simple visualización va a generar que el interés esté en generar comentarios y la mejor forma de conseguirlo es con polémicas”, añade.

Cada usuario tiene sus propias ideas sobre qué cambios pueden generar las nuevas promesas de X: “Habrá muchos cambios destinados a que X gane dinero o al menos deje de perderlo”, dice David, que lleva la cuenta de humor @norcoreano. “Intentarán meter todo el contenido audiovisual que puedan, que es la corriente dominante de los últimos 6 o 7 años. Y streaming, compras, una especie de red social para todo. Otra cosa es que eso funcione porque Twitter tenía una identidad de red social de opinión y de texto”, añade.

Eso acaba por llevar a una red que tiene otras características. “Hay más interacciones con usuarios desconocidos”, dice la periodista Lucía Taboada.

“Los contenidos son menos orgánicos que antes. Ahora es muy importante conseguir estar en la conversación actual siempre y recibir muchas respuestas, antes tu contenido podía llegar a más personas con solo las interacciones de me gusta”, dice Gabriel Fernández Martín, social media manager y autor de la cuenta de memes @skereunpesado.

4. Sus objetivos son más difusos. Antes era más fácil saber a qué entrabas en Twitter: última hora, información, entretenimiento. Ahora es todo más confuso y se han añadido variables: “Ha perdido el foco”, dice Jaime Rubio Hancock, periodista y autor de la columna Anatomía de Twitter en EL PAIS. Y añade: “Era una red muy centrada en última hora, tanto para información como para entretenimiento, y ahora no se sabe muy bien qué es. También me da la impresión de que mucha gente está como yo: entra, mira, y se va, sin participar. Otra cosa muy molesta son los anuncios: da la impresión de que cada tres tuits sale uno. También resulta más difícil encontrar cuentas nuevas interesantes”.

Hay también algo bueno

A pesar de esta larga lista de lamentos, hay un usuario que ve a la red “mejor”. Es el inversor Javi López, que habla sobre todo de inteligencia artificial: “Ha mejorado y mucho. Desde el punto de vista de un creador de contenido ahora permite algunas opciones de monetización que antes no existían. Por ejemplo las suscripciones o el cobrar (aunque sea poquísimo, pero algo es algo) por las visualizaciones de tus publicaciones. Y aunque nos quejemos mucho del algoritmo, ahora se parece más al de YouTube o TikTok: la verdad es que ahora favorece a cada publicación más que antes (puede viralizar si el contenido es bueno) independientemente del número de seguidores que tengas. Y esto es bueno para las cuentas nuevas”, dice.

Días después de mandar su respuesta, López vio cómo su cuenta bajaba las interacciones y no se veían bien sus hilos. Era, dijo, objeto de un aparente “shadow ban” o “supresión oculta”, que significa que la red te castiga por algo sin explicarte por qué. López se quejó varios días en X, no obtuvo respuesta pero sus problemas desaparecieron igual que llegaron. Estos vaivenes en la usabilidad incluso para sus usuarios más favorables son un problema.

Hay otro dos detalles que varios usuarios destacan como positivo: uno, la opción aún de usar listas. “Me he refugiado en mis listas temáticas privadas para leer a quien quiero leer, en vez de a quien decide el algoritmo”, dice el guionista Manuel Bartual. “Este año he usado más mis propias listas porque la experiencia ‘en abierto’ es cada día menos fructífera”, añade Carmela Ríos.

Y dos, las notas de la comunidad. Su aportación al debate solo recibe elogios. “Al igual que en Wikipedia”, dice Lucas Melcón, “cuyo sistema de incorporación de información es (más o menos) colaborativo, se ha incorporado esta nueva posibilidad de matizar los tuits por parte de la comunidad. Es la única nueva incorporación salvable. Posiblemente viendo que estaban dando pábulo a la desinformación (pagada), en vez de expulsar a aquellos que recurren a ella, lo que hacen es dar la capacidad al usuario de matizarla. Nada mal”.

Los 21 participantes en el panel, ordenados alfabéticamente por su nombre en X, son: Carlos Langa (@carloslanga), Carmela Ríos (@carmelarios), Fernando de Córdoba (@gamusino), Jaime Rubio (@jaimerubio), Janira Planes (@janiraplanes), Javi López (@javilop), José Luis Antúnez (@jlantunez), Pablo Simón (@kanciller), Lucía Lijtmaer (@lalitx), Lara Hermoso (@lhermoso_), Lucas Melcón (@malacarasev), Manuel Bartual (@manuelbartual), Emilio Doménech (@nanisimo), David (@norcoreano), Pablo (@pablomurrrr), Mr. Handsome (@pdrsnche), Rafa Cabeleira (@rafacabeleira), Sonia Sánchez Plaza (@sanchez_sonia), Gabriel Fernández Martín (@skereunpesado), Lucía Taboada (@taboadalucia), Jorge Corrales (@yosoycorra).

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