Lun. May 20th, 2024

A Adrián, un joven de 15 años de San Fernando de Henares (Madrid), le ofrecieron “dinero gratis” en el centro comercial Plenilunio. Era septiembre de 2022. Había acudido con un grupo de amigos a un burger y la oferta del “dinero” era de un comercial de Worldcoin, una nueva criptomoneda que requería una foto del iris para darse de alta. Adrián no le dio mucha importancia: “La verdad es que con 15 años solo me quedé con lo de dinero gratis”, dice. Nadie les preguntó la edad ni les pidió documentación.

Todo el grupo de adolescentes se dio de alta. Durante más de un año Adrián fue recopilando monedas digitales, que entonces valían solo unos céntimos. A finales de 2023 su valor empezó a subir. En febrero de 2024 Adrián había reunido 731 euros. Adrián quería ese dinero en efectivo, pero como era menor no podía abrirse una cuenta en el banco para sacarlo. Un empleado de Worldcoin en Plenilunio, a quien conocía de San Fernando, se ofreció a liquidárselo a cambio de un 10% de comisión. Adrián aceptó y nunca más vio el dinero.

La Agencia Española de Protección de Datos (AEPD) prohibió el 6 de marzo de forma cautelar que Worldcoin siguiera recogiendo iris de españoles. La AEPD había recibido 13 reclamaciones que denunciaban información insuficiente o captación de datos de menores. La compañía dice que nunca ha pretendido recoger datos de menores: “Worldcoin siempre ha requerido que los individuos tengan al menos 18 años para obtener un World ID [el documento virtual que se consigue con la foto del iris y permite reunir monedas], como queda claro en los términos de servicio”, dice a EL PAÍS un portavoz de Tools for Humanity, la organización detrás de la moneda.

La app pedía confirmar la edad, pero era fácil mentir si un menor aspiraba a ese “dinero gratis”. Worldcoin optó por instaurar en diciembre de 2023 la comprobación de edad en cada lugar de España donde se tomaran fotos de iris tras una noticia sobre “un par de menores”. El ejemplo de Adrián permite pensar que ese “par de menores” fueron en total bastantes más. Justo este miércoles, cuando EL PAÍS preguntó a Worldcoin por este caso, la organización publicó un post donde extendía esta comprobación a todo el mundo: “Desde ayer, este proceso se implementó globalmente. Este avance, así como la capacidad de desverificar los Worlds ID, se desarrollaron en consulta con expertos externos en privacidad y seguridad, incluida la Oficina Estatal de Baviera para la Supervisión de la Protección de Datos”, dice un portavoz. La compañía Tools for Humanity, impulsora de Worldcoin y cofundada por Sam Altman, tiene su sede europea en Alemania, de ahí que la autoridad pertinente para estos asuntos sea la de Baviera, con quien colabora la AEPD. La opción de desverificar el World ID borrando permanentemente el código creado a partir del iris de un usuario era otra de las peticiones de las agencias de protección de datos.

Aquí nadie se ríe

Para Lidia Fernández, madre de Adrián, el problema de la edad es solo uno. “Se han reído en mi cara, no ya solo de mi hijo, y tengo 50 años”, dice. La presunta estafa que ha sufrido Adrián muestra los peligros de una organización para la captación de datos con más agujeros de los que parece. La astucia y picaresca de un puñado de jóvenes muestra que no es fácil crear una criptomoneda que “regale dinero” sin afrontar muchos otros peligros.

En diciembre, antes de que Worldcoin se popularizara, Adrián había reunido ya monedas por un valor de más de 200 euros. Fue a Plenilunio a preguntar a la gente de Worldcoin. Allí se encontró a E., un joven empleado de Worldcoin al que conocía Adrián por un amigo en común. Le preguntó como cambiar el dinero sin tener acceso a un banco y E. le dijo que él se lo hacía por un 10% de comisión. Adrián aceptó y al día siguiente tenía el dinero. Aquella facilidad se convirtió luego en un anzuelo para una cantidad mayor.

En febrero fue a pedir ayuda de nuevo, pero ahora había reunido 731 euros. Adrián había recogido las monedas de su madre y otra familiar y había seguido ingresando gracias a los regalos de la aplicación por conseguir nuevos usuarios. La moneda además había llegado a tener un valor de más de 8 euros. Hasta la suspensión de la AEPD unos 400.000 españoles se habían fotografiado el iris a cambio de “dinero gratis”. “Lo del ojo no me da miedo porque yo le doy mi ojo al teléfono, está en internet, me da igual”, dice Fernández.

Lo que no le da nada igual es el dinero. E. dijo que no podría devolverlo si no le daban 200 euros extra para desbloquear una tarjeta. Fernández le hizo un bizum a un conocido de E. para que quedara rastro: “Cuando le iba a hacer el bizum ya me olía mal, pero mi hijo no quería perder los 731 euros”, explica. EL PAÍS ha intentado recoger la versión del presunto estafador, pero ha colgado el teléfono después de recibir la llamada de este periódico.

Cuando E. siguió negándose a devolver el dinero y bloqueó a Adrián en WhatsApp, Fernández no pudo más: “Empiezo a gritar por casa que me diera los 200 euros o que iba a buscarle, conozco a sus padres”. Ambas familias viven apenas a dos calles de distancia. Fernández recibió el dinero por bizum desde la cuenta de otro chico mientras aún gritaba por casa.

E. y Adrián han intercambiado docenas de mensajes. E. ha puesto varias excusas: “el dinero no llegó”, “si eres menor no puedes tener una cuenta de Worldcoin”, pero quizá la más curiosa fue alegar que, precisamente, Worldcoin es dinero gratis y no vale nada: “Tu madre ya tiene el dinero. Esto lo has ganado porque era un proyecto, no es dinero trabajado. Tu madre ya tiene el dinero, así que se acabó”, le escribió por WhatsApp.

El límite fue la extorsión

El límite llegó hace una semana. Había pedido tiempo y Fernández y su hijo decidieron esperar: “Socio, no tengo dinero, haz lo que quieras, ahora tengo demasiados problemas para estas tonterías, no me ha llegado ningún dinero”, escribió E. Tras la espera y varios intentos de contactar para saber si llegaría el dinero, E. amenazó con denunciar a Adrián y a su familia por acoso y extorsión. La madre, Lidia Fernández, dijo basta: “Le denuncio cuando al final dice que va a denunciar a mi hijo por extorsión. Entonces ya digo ‘a tomar por saco, vamos a la comisaría”, dice Fernández. La denuncia fue cursada el pasado viernes y de momento no ha habido ninguna otra novedad.

Adrián y E. encontraron otro camino que muestra riesgos en el proceso de captación de usuarios de Worldcoin. Cada usuario tiene un código con el que puede invitar a cinco personas. Cada vez que se usa su código recibe monedas. Adrián reunió códigos de otras siete personas y fue a Plenilunio para que nuevos usuarios lo emplearan al darse de alta. Uno de los métodos posibles era convencer a E. para que se lo diera a la gente antes de hacerles la foto. Pero E. quería el 50% y nunca llegaron a un acuerdo. Los empleados que fotografían los ojos, como E., son responsabilidad de los operadores subcontratados, dice la compañía.

También, dicen, hacen controles anónimos de los sitios y esos empleados reciben una formación continua. Tools for Humanity también dice que su departamento de apoyo al cliente responde a cualquier queja. Lidia Fernández escribió a ese departamento. Como no obtuvo respuesta, buscó incluso al responsable para Europa de la compañía, Ricardo Macieiras, y le escribió por Facebook. También quedó sin respuesta. “Es imposible hablar con ellos”, dice.

El interés declarado de Tools for Humanity en el iris es para poder demostrar la humanidad de cada usuario de internet en un mundo donde las máquinas, gracias a la IA, serán capaces de reproducir la mayoría de comportamientos de personas. “Worldcoin es una nueva tecnología que, comprensiblemente, plantea muchas preguntas. El proyecto está trabajando en estrecha colaboración con su autoridad de datos competente para abordar sus preguntas. Las personas que apoyan el proyecto Worldcoin también agradecen preguntas y oportunidades para explicar cómo la tecnología utilizada por el proyecto Worldcoin para demostrar la humanidad proporciona a los consumidores un control y una elección incomparables con respecto a sus datos”, dice a EL PAÍS un portavoz de la compañía.

Si tiene más información de un caso similar, puede escribir a jordipc@elpais.es

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